El aporte que Carlos Monsiváis dejó a las letras mexicanas y al imaginario colectivo es, en buena medida, extenso e incuantificable.
Comparto una de las frases del célebre escritor que más recuerdo: "Cuando uno lee ya no está solo. Leer es dialogar y cuando se dialoga la soledad se declara abolida".
Es cierto que hay quienes calificaron a don Carlos como un "divo" de las letras. Otros, que se requería a su lado un "traductor" de "lo que Monsi quizo decir"... Sus detractores más acérrimos, como el homosexual Luis González de Alba, señalaban que Monsiváis "no era un hombre de ideas, sino de ocurrencias".
El sector más duro del conservadurismo cuestionaba el homosexualismo del autor de "Días de guardar", condición que Elena Poniatowska remarcó al señalar que Omar García, "pareja sentimental" de nuestro reseñado, lo asistió hasta sus últimos momentos.
Lo cierto de todo esto es que, dejando de lado prejuicios y calificaciones estériles, Carlos Monsiváis utilizó las letras para la defensa de las minorías. Su vena poética hizo de la crónica una de los instrumentos eficaces para conocer el México del siglo XX.
Si Monsi era gay, voluble, hinchado, persumido, divo, déspota, fantoche, etcétera -como lo calificaron hasta el cansancio sus detractores-, se debe reconocer que fue, en vida, el único escritor que podía ser reconocido en las calles por los mexicanos. Esta condición no la alcanzarán jamás Carlos Fuentes, Emilio Pacheco, Sergio Pitol, José Agustín o el pendejo de Francisco Martin Moreno (entre otros).
Los escritores del talante de Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín y Jean Meyer, que han vendido sus plumas al mejor postor, prostituyendo su capacidad intelectual por unos méndigos miles de pesos, son el vómito de la crónica contemporánea.
Coincido con Elenita Poniatowska, otra pinche diva de lo que queda de la izquierda política mexicana, cuando se cuestionó: ¿Qué vamos a hacer sin tí Monsi?
Beatifican a Anacleto González Flores,
un ideólogo de la guerra cristera
Por Edgar González Ruiz
De la noche a la mañana los facinerosos, asesinos y secuestradores ahora cuentan con un "Santo Patrono", ya que a partir de este domingo 20 de noviembre Anacleto González Flores será proclamado Beato y a un paso de su santificación, sólo faltará que le cuelguen un milagro y para ello sobran los voluntarios, pero se miente descaradamente y se tuerce la verdadera historia de México
El pasado 22 de junio de 1994, el extinto Papa Juan Pablo II reconoció como mártires de la fe católica a 13 mexicanos asesinados durante la guerra cristera que enfrentó al Estado con la jerarquía católica en el sangriento conflicto que tuvo lugar de 1926 a 1929.
Entre los candidatos a ser canonizados este domingo 20 de noviembre, "Día de Cristo Rey", se cuentan no sólo sacerdotes sino varios laicos, entre ellos Anacleto González Flores, nacido en 1888 y asesinado en Guadalajara, Jalisco, el 1 de abril de 1927.
González Flores fue también uno de los principales ideólogos de ese movimiento violento, a quien el sacerdote cristero Heriberto Navarrete, quien combatió de 1926 a 29, atribuye la frase: "para jugar en este garito (cabaret) no nos han dejado más que una baraja sucia y la vamos a usar".
Siguiendo la tradición de su padre, uno de sus hijos, también Anacleto González, fue en los años 70 uno de los dirigentes de la peligrosa organización secreta llamada Los Tecos que mantienen relación con grupos ultraderechistas internacionales de cuño anticomunista, fundada en los años 30 en Guadalajara, al occidente de México, donde son dueños de periódicos y de una universidad privada, quienes obviamente lo han denominado como "Santo Patrono".
Desde aquella época, Los Tecos han reaccionado violentamente en defensa del conservadurismo católico, contra las tendencias progresistas en la Iglesia, incluso llegaron a oponerse al pontificado de Juan Pablo II. A esta tenebrosa organización se les atribuyen varios asesinatos, sobre todo en Guadalajara, de católicos que mantuvieron su lealtad a ese pontífice.
En círculos muy restringidos de la extrema derecha mexicana se comenta que el reconocimiento pontificio de Anacleto apunta hacia una mayor politización de la causa cristera por parte de la Iglesia católica, que incluso podría reconocer de manera análoga a otros ideólogos de la extrema derecha y organizadores de grupos secretos que también fueron asesinados en su lucha política.
Durante su pontificado, por dos ocasiones Juan Pablo II hizo un reconocimiento colectivo a los "mártires" cristeros; el 21 de mayo del año 2000 canonizó a 25 "mártires" de la guerra cristera, decisión que se daba en el contexto de la intensa competencia electoral entre el oficialismo y la derecha de aquel entonces, cuyo candidato era el actual presidente Vicente Fox, quien durante su campaña hizo referencia en alguna ocasión a consignas cristeras.
Ese mismo año, el Papa llevó a los altares a otro personaje con clara participación política, el sacerdote Miguel de la Mora, del estado de Zacatecas, otra de las regiones donde fue intensa la guerra cristera, y que pertenecía a los Caballeros de Colón, poderoso grupo que mediante sus recursos económicos y su influencia apoyaron el movimiento violento de los cristeros en la guerra de 1926 a 29.
Aunque no es tema favorito de los simpatizantes de la causa cristera, es pertinente recordar que ésta se prolongó bajo la forma de una guerra de guerrillas ya sin apoyo oficial del clero, durante los años 30, en el periodo presidencial del V:. G:. M:. Lázaro Cárdenas, en un clima mundial en el que la derecha católica de México y de muchos otros países simpatizaba con las corrientes totalitarias de la época, especialmente con los gobiernos de Mussolini y de Franco, a quien los cristeros consideraban "Salvador de España". Al igual que Franco, los cristeros pretendían exterminar a masones, socialistas y liberales y como él abolieron el divorcio en los territorios que llegaron a controlar.
La simpatía de las huestes cristeras con Franco fue tan grande que luego de la derrota de las tropas republicanas bandas de guerrilleros cristeros emitieron una orden para perseguir a los refugiados españoles de ese bando que llegaran a México. La circular cristera fechada el 24 de enero de 1939 ordenaba la persecución de "la chusma de malvados que pretendieron estrangular (sic) a la Madre Patria, pero que ahora castigados como merecen por el verdadero pueblo español, tratan de venir a México a continuar su labor de asesinato y exterminio".
Durante las dos guerras cristeras, los "mártires" cometieron hechos de salvajismo incalificable, en particular, los cristeros quemaban escuelas, solían mutilar a los maestros y maestras de las zonas campesinas, cortándoles las orejas, la punta de la lengua, para que no pudieran dar clases, o castrándolos. Sus represalias contra los agraristas, o promotores de la reforma agraria eran también salvajes.
Todos esos hechos se relataron en la prensa de la época e incluso algunos de ellos eran comentados con regocijo, con verdadera crueldad religiosa en publicaciones del bando cristero como el periódico David.
La propaganda cristera contra la educación sexual llegó al extremo de identificarla como un proyecto del judaísmo mundial o de la masonería contra la civilización cristiana, y a difundir que como parte de esa educación los educadores promovían contactos sexuales entre los niños y niñas. En esa cruzada contra la educación participó un grupo que existe a la fecha y que ha recibido amplio apoyo por parte del gobierno de Fox: la Unión Nacional de Padres de Familia.
Si la educación sexual se reconoce hoy como un derecho de todas las personas, entonces así como la Iglesia glorifica a sus mártires en las luchas cristeras, la sociedad y el sector educativo en particular, tendrían que reconocer como héroes y como mártires de la enseñanza y de la libertad a esos maestros y maestras bárbaramente asesinados por los cristeros.
De entre los muchísimos casos documentados de la barbarie cristera contra los maestros rurales cabe mencionar el ocurrido el 26 de octubre de 1935 en Huiscolco, municipio de Tabasco, Zacatecas, contra la maestra María Murillo, quien luego de ser ultrajada de diversas formas, fue mutilada y sus senos cortados fueron puestos uno a cada lado de un camino local para hacer desistir a las maestras de impartir educación sexual o de apoyar el reparto de tierras. A ella se le dejó morir sin brindarle atención médica. No se trata de un caso aislado, sino que así era la violencia cristera.
Con un espíritu similar al que hoy lleva a justificar crímenes apelando a Dios, abundan los testimonios del bando cristero donde se apela a la ayuda divina para explicar como un milagro divino las matanzas que hicieron entre sus enemigos, se habla incluso de la presencia de alguna virgen en los campos de batalla como una señora en un caballo blanco que recorría las trincheras animando a los católicos y levantando una gruesa nube de polvo que impedía que los cristeros fueran vistos por ellos, y una plegaria, que data de 1927 decía: "…Si Dios nos concede tomar las posiciones enemigas, desalojar de allí a los agraristas, matar al jefe de ellos y que de nosotros no muera ninguno, iremos todos a rezar a la santísima Virgen María, un rosario de quince misterios, sobre la tumba de nuestros mártires…"
Sin duda, los cristeros han sido uno de los más influyentes símbolos de la extrema derecha en México, que ha trascendido en otros países y ha sido la inspiración de los grupos católicos mexicanos, tanto de organizaciones secretas como de otras que hoy prosiguen su lucha con las armas poderosas de la explotación económica.
Así, el año pasado se publicó el libro Mi vida es Cristo, que es una larga entrevista autobiográfica de Marcial Maciel, fundador del poderoso grupo internacional de los Legionarios de Cristo, creado en México a principios de los 40 y donde el cuestionado dirigente católico reconoce la influencia que en la génesis de los Legionarios tuvieron las imágenes de los cristeros.
Si bien es justo y humano lamentar la muerte y el sufrimiento de los congéneres, hayan sido del bando cristero o del progresista, en el mundo de hoy, ensangrentado de nuevo por el fanatismo religioso, cabe reconocer en todo su valor la labor del gobierno y del ejército mexicano de principios del siglo XX en su defensa del laicismo frente a las huestes cristeras.
El verdadero Anacleto
Anacleto González Flores (1888-1927), sin duda, un mártir peculiar, pues si bien no se sabe que haya tomado parte en operaciones militares en esa guerra que enfrentó al gobierno mexicano con las huestes que defendían los intereses del clero, la literatura cristera ha considerado siempre a Anacleto como el jefe civil de la contienda en el estado de Jalisco, al occidente de México y principal zona de actividad de los cristeros.
Abogado y periodista, escritor combativo y erudito, Anacleto fundó el periódico Galdium y escribió tres libros (Tú serás rey, La cuestión religiosa en Jalisco, El plebiscito de los mártires) en los que se alternan las referencias a Chesterton, Ibsen y Paul Bourget con furibundos ataques contra la que llamaba la gran trilogía adversa al catolicismo: El protestantismo, que "hace esfuerzos desesperados por penetrar a todas partes, por llegar al corazón de las masas, la masonería y la revolución, que según él es una ‘aliada fiel’" de las dos.
Anacleto fue también el creador de la organización secreta derechista llamada Unión Popular, cuyo membrete ha sido retomada en nuestros días por un grupo de ultraderecha con presencia en algunos estados de la República y promotor, como una de las estrategias alternativas a la guerra, de un ambicioso boicot para producir el quiebre de los negocios y periódicos contrarios a la causa de los católicos.
En su libro La cuestión religiosa en Jalisco, Anacleto explica las tácticas de los católicos contra sus adversarios para perjudicarlos económicamente, de tal suerte que "el público preste o niegue su apoyo a éstas o aquéllas casas y a éstas o aquéllas personas. …que nadie protegiera con anuncios al periódico infame (El Occidental); que nadie comprara en las casas de los que proporcionaban anuncios a la prensa impía y de los que fueran masones. La Época, periódico católico, se encargó de publicar una lista de las casas que se anunciaban en El Occidental en tanto que en una hoja suelta se dio a conocer el nombre de los masones más connotados".
"Aquella medida dio magníficos resultados, porque, poco después de que se inició la campaña casi todos los que se anunciaban en El Occidental retiraron sus anuncios; muchas casas le negaron su apoyo y no pasó mucho tiempo sin que el diario maldito pereciera de consunción y abrumado por la maldición de la sociedad".
Afirmaba el hoy mártir: "Los establecimientos mercantiles y los profesionistas comprendidos en la lista de proscripción se sintieron en el vacío y sus negocios sufrieron grande y fuerte detrimento".
Resumiendo las ideas de Anacleto sobre la acción política, otro participante de la guerra cristera, el luego sacerdote Heriberto Navarrete, escribió: "Una frase de Anacleto que por lo gráfica y exacta se me grabó para siempre y seguramente porque se la oí una y otra vez, describe nuestra posición al decidirnos a tomar parte en la rebelión armada. Dijo Anacleto: para jugar en este garito no nos han dejado más que una baraja sucia y la vamos a usar".
Desde luego, y de ello existe constancia lo mismo en testimonios de participantes en la guerra cristera que en documentos de bibliotecas y archivos mexicanos, muchas veces los cristeros usaban tácticas bastante agresivas para obligar a "cooperar" a los ricos que no querían hacerlo.
Anacleto González Flores fue ejecutado el primero de abril de 1927 en el cuartel colorado de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco.
Es importante destacar que no fue aprehendido y muerto por el hecho de ser católico, sino por su papel protagónico en las actividades civiles de la guerra cristera y, de acuerdo con documentos difundidos en esa época, por haber planeado hechos delictivos para apoyar el movimiento cristero, entre ellos es secuestro del estadunidense Edgar Wilkins, consumado el día 27 de marzo, y quien fue asesinado por sus captores.
Según la nota publicada en Excélsior, el 5 de abril de 1927, y fechada el día anterior en Guadalajara, el general Jesús Ferreira, quien en esa entidad luchaba contra los cristeros, señalaba a Anacleto como el "director intelectual" de ese secuestro y asesinato.
Sobre ese asunto, Ferreira envió a la Secretaría de Guerra y al Presidente de la República, un telegrama donde afirmaba que de acuerdo con los autores materiales del plagio y asesinato del ciudadano estadunidense Wilkins, el licenciado Anacleto González Flores, había enviado al bandolero Mariano Calzada, jefe de la gavilla de plagiarios, un recado donde se contemplaba el posible asesinato del estadunidense.
Dos días más tarde, con el título "Un ejemplo de México que debería imitarse", Excélsior informaba (7 de abril de 1927) que en Nueva Yok, el Evening Telegram publicaba un artículo donde se elogiaba que "tan sólo necesitó el gobierno mexicano unos cuantos días para aprehender y castigar a los asesinos de Edgar Wilkins", además de que se hacía notar que The New York Times recibió varios telegramas de la Ciudad de México con nuevos detalles sobre el asesinato de Wilkins, los cuales "explican que el crimen fue resultado de una conspiración contra el gobierno del general Calles, maquinada por González Flores, quien fue ejecutado ya.
Expresan también que se descubrió la maniobra gracias a que fueron interceptados varios mensajes".
Es difícil saber con certeza si la "baraja sucia" de Anacleto incluía estrategias de guerra como la arriba mencionada, pero no deja de llamar la atención que el Vaticano ignore ese y otros episodios de la vida y obra de Anacleto, honrando su memoria sólo por su agresiva defensa de los ideales conservadores, con lo cual deja en claro que la Iglesia sí aprueba la violencia política, cuando obedece a cierta ideología.
También es paradójico que precisamente unos días después de la declaratoria del Papa reconociendo como mártires a Anacleto y a otros personajes, se llevara a cabo, con apoyo empresarial, en la Ciudad de México, una gigantesca manifestación donde circularon consignas de pena de muerte a los secuestradores, cuando quizás uno de ellos, si realmente lo es, será llevado este domingo 20 de noviembre, día de "Cristo Rey", a los altares del mundo.
Con esta nueva embestida de la Iglesia católica apoyada por la extrema derecha en nuestro país se miente al pueblo de México y se tuerce, por intereses personales, la verdadera historia de nuestro país, lo que no debieran permitir las autoridades responsables.
“Los nuevos beatos cristeros”
Gastón Pardo
Ciertamente, hay una diferencia de grados dentro del catolicismo entre santos y beatos, en tanto paradigmas de vida dentro de esa religión, de tal suerte que el 21 de mayo del 2000 varios cristeros fueron canonizados en la basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano por Juan Pablo II, mientras que el pasado 20 de noviembre otros de ellos, de mucho más cuestionable trayectoria, incluyendo líderes de la rebelión armada fueron beatificados aquí en México.
Esa diferencia es lo de menos en el marco de una sociedad plural, donde hay católicos, ateos, agnósticos, protestantes, etc., y de un estado tradicionalmente laico, como el mexicano, lo que es alarmante y muchos católicos procristeros ignoran o niegan es la escolafriante serie de atrocidades y la saña con que los cristeros combatieron al estado laico, gracias al que son posibles libertades básicas, como el derecho a la libertad de cultos, a la educación no confesional, al matrimonio civil y al divorcio, etc.
De la intransigencia de los cristeros ha quedado testimonio en los escritos de sus ideólogos como Anacleto González Flores, y de su saña en sus propias publicaciones, como el periódico David y en las memorias de muchos participantes en esa guerra.
Desde luego, ha existido toda una apologética cristera que omite prácticamente cualquier referencia a hechos bochornosos cometidos por el bando cristero (maestras mutiladas, protestantes perseguidos, agraristas asesinados, escuelas quemadas, linchamientos, etc), pero en los últimos años se han publicado también trabajos que ponen al descubierto la forma de pensar y las crueldades, verdaderamente increíbles, cometidas por las huestes cristeras y toleradas o provocadas por sus dirigentes, dos de ellos (Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza) convertidos recientemente en beatos.
En su libro Los Nuevos Beatos Cristeros. Crónica de una guerra santa
en México, la historiadora Laura Campos Jiménez, cita diversas fuentes para demostrar que ni Anacleto ni Gómez Loza era pacifistas, sino por el contrario, decididos partidarios de la lucha armada, que alentaron persecuciones y agresiones contra sus adversarios ideológicos.
Concluye la historiadora jalisciense: "No es válido, ni ético, que individuos que practicaron y apoyaron la violencia e intelectualmente indujeron, alentaron y acaudillaron a gavillas enteras a una guerra sangrienta, a u virtual sacrificio colectivo, ahora, décadas después, sean "alabados" y aparezcan como "mártires" de una "persecución religiosa". Esto, repito, es una ofensa a la inteligencia y al sentido
común" (Los Nuevos Beatos Cristeros, p. 53).
A conclusiones similares llega Edgar González Ruiz, en su libro Los otros cristeros (BUAP; Puebla, 2004), que en sus más de 500 páginas, basadas en investigaciones en archivos, publicaciones y libros del bando cristero, relata los "injustificables crímenes (que los cristeros cometieron) contra ciertos sectores de la población" y reproduce documentos que muestran cómo en muchos casos los cristeros se ufanaban de ocasionar los mayores sufrimientos mediante tormentos y mutilaciones, a quienes no compartían las doctrinas católicas.
Por cierto, hace pocas semanas este autor fue agredido en Lima, Perú, durante la presentación de uno de sus libros, por grupos ultraderechistas que pretenden ser herederos de los cristeros, que parecen admirar la saña cristera contra sus adversarios y que incluso reivindican su clásico grito "¡Viva Cristo Rey¡".